Cada día te puedes adentrar más en las profundidades de tu belleza interior, de tu fortaleza interior. Habrá días en los que de repente te pierdas un poco. Te sentirás solo y aprisionado en el miedo y la inseguridad. Pero estos temores serán necesarios para seguir depurando lo que necesites depurar en tu mente y para que puedas reconectar contigo, con la vida y con los demás desde el corazón.
Pareciera que estás solo, pareciera que estás enjaulado, pareciera que estás e n un pozo. ¿Y si te dijera que eso solo es porque te crees separado, aislado de los otros, del mundo, de la vida, de lo divino e incluso de ti mismo? En conexión profunda con tu alma, di lo que eres y allí te remembrarás la Esencia de Amor de la Vida. Luego, escucha lo que está detrás de las palabras y siéntelo con todo tu ser. Escucha su silencio, escucha tu silencio. Envuélvete en ese silencio fértil que se confunde con las palabras y que está antes y después de cada palabra.
Siente las palabras y el silencio con toda tu energía, con toda tu alma, con todo el Ser que está más allá y más acá de este espléndido cuerpo que habitas. Habítate. Habita la Vida desde tu belleza profunda y compártela con el mundo. Habita tu ser desde tu grandeza, que es lo mismo que decir desde la grandeza de la Vida misma, porque la grandeza es la Vida misma, es el Amor que la impulsa. Tú fluyes en la grandeza misma de la Vida y, por eso, puedes inspirar a otros a que habiten sus vidas desde sus grandezas. Ábrete a tu grandeza, sostente desde tu grandeza. No tengas miedo a decir que “tienes aires de grandeza”, puesto que la grandeza de la Vida y del Amor puro es tu verdadera identidad, es tu herencia irrenunciable, aunque a veces la creas perder o dejar de encontrar. Recóbrate desde la belleza, la fortaleza y la grandeza que late en todo tu cuerpo y que vibra en toda tu alma cada momento.

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